The OpenAI Picture
¿Quién escribe la historia de OpenAI?
Hoy salió el tráiler de Artificial, la película sobre los cinco días en que OpenAI despidió a Sam Altman y lo volvió a contratar. El estudio que la financió se hizo socio de OpenAI y después la soltó. La empresa todavía escribe su historia, y Hollywood ya la está contando.
Foto: TechCrunch, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
Nadie fuera de la industria vio la película, así que esta nota no la juzga. Usa el estreno para mirar cómo se arma el relato de una empresa mientras la empresa sigue en obra.
Cuando se estrenó The Social Network, Facebook tenía seis años, 500 millones de usuarios y una salida a bolsa por delante, y a Zuckerberg le alcanzó con una broma: dijo que lo único que la película le había acertado eran sus remeras, como si el resto, bastante inventado, no mereciera una respuesta seria. Artificial llega a tres años de los hechos que cuenta, con OpenAI levantando dinero, un juicio en apelación y el protagonista firmando contratos con el estudio que iba a estrenarla. No es una película sobre una historia terminada, es una versión que compite con las otras por quedar en la memoria.
El único que no habla es el retratado
Luca Guadagnino dirige un guion original de Simon Rich, rodado entre julio y octubre de 2025 en San Francisco y Turín, que gira alrededor de noviembre de 2023 aunque el festival que la estrena la presenta como un recorrido por «dos décadas de investigación en aprendizaje automático y temeridad tecnocrática». Andrew Garfield nunca conoció a Altman, armó el personaje «con transcripciones judiciales, entrevistas públicas e investigación» y dijo estar «muy asustado» de la reacción. Ni Altman, ni Murati ni OpenAI dijeron una palabra, ni para colaborar ni para desmentir. El relato ya está en marcha, y el retratado eligió no participar de su propia versión.
Cuatro personas y una videollamada
Altman se enteró por un Google Meet, al mediodía, con todo el directorio menos Brockman. El comunicado hablaba de que no había sido «consistentemente sincero» con el board, sin dar un solo ejemplo. Cuatro días de caos después volvía como CEO, y de los cuatro que lo habían despedido sólo quedó Adam D'Angelo.
Lo que hace posible ese guion es una estructura. OpenAI era una fundación sin fines de lucro que controlaba a la empresa comercial, con un board que respondía a la misión y no a los inversores, y Microsoft, que había puesto cerca de US$13.000 millones, no tenía ni una silla ni un voto. Cuatro personas podían despedir al CEO de la empresa más mirada del mundo, y nadie con dinero adentro podía impedirlo. Lo que revirtió la decisión tampoco estaba en el organigrama: los empleados, y el inversor sin silla.
Lo que se supo después complica la escena. Según su declaración jurada en el juicio de Musk, Sutskever llevaba «al menos un año» pensando en removerlo. Armó un memo de 52 páginas que empezaba con «Sam exhibe un patrón consistente de mentiras» y reconoció que casi toda la evidencia venía de una sola persona, Mira Murati, sin verificarla con nadie más. La investigación que encargó el board nuevo concluyó que hubo «una ruptura de confianza», pero que la conducta de Altman «no exigía su remoción». El informe completo nunca se publicó.
Cuatro personas, una videollamada y ningún inversor con voto.
Dinero sin voto, voto sin dinero
Microsoft financió a OpenAI desde 2019 a cambio de la exclusividad de su nube, derechos sobre los modelos y una cláusula que cortaba todo el día que OpenAI declarara haber llegado a la inteligencia general. Cuando OpenAI se reorganizó como empresa de beneficio público, en octubre de 2025, el trato se rehízo: Microsoft quedó con el 27 % y la fundación con el 26 %, un punto menos, pero con el poder de nombrar y remover al board. Seis meses después la exclusividad terminó del todo, y la participación de Microsoft en los ingresos quedó con tope y fecha de vencimiento.
Mientras tanto la valuación se multiplicó por cinco en 18 meses, con inversores nuevos en cada ronda y contratos de cómputo que Altman resumió en «compromisos de US$1,4 billones en ocho años», contra ventas anualizadas de US$40.000 millones. La historia de OpenAI no es la de un laboratorio, es la de quién financia la carrera y qué pide a cambio. Una película sobre noviembre de 2023 tiene que elegir cuánto de esto entra en cuadro, y lo que quede afuera también es una decisión.
fuera
El cuarto se vació
Casi nadie de los que estaban en la llamada sigue donde estaba, y de los once fundadores de 2015 quedan tres. Helen Toner y Tasha McCauley, las dos directoras que votaron el despido, escribieron en The Economist que la autorregulación de estas empresas «no va a resistir la presión de los incentivos de ganancia», y Toner contó en un podcast que el board se enteró del lanzamiento de ChatGPT por Twitter. Jan Leike, que dirigía el equipo de seguridad a largo plazo, renunció diciendo que esa cultura había quedado «en segundo plano frente a los productos brillantes».
Y está Musk, que en la película es alivio cómico y en la realidad fue un juicio. Demandó en febrero de 2024, retiró la demanda, volvió a demandar, y en febrero de 2025 ofreció US$97.400 millones por la fundación. El juicio se hizo en abril y mayo de 2026 en Oakland, testificaron Nadella y Sutskever, y el 18 de mayo el jurado decidió que los reclamos habían prescripto, sin decir quién tenía razón. Musk apeló. La película se estrena con el conflicto que cuenta todavía abierto en los tribunales.
«No, gracias, pero te compramos Twitter por 9.740 millones si querés.»Sam Altman a Elon Musk, en X, 10 de febrero de 2025
entra en el negocio
El estudio que se hizo socio del personaje
Amazon MGM desarrolló y financió la película. Mientras se rodaba, Amazon se convirtió en cliente y socio de OpenAI: primero un contrato de nube, después una inversión de hasta US$50.000 millones. Con la película casi terminada y proyecciones de prueba que la prensa describió como buenas, la soltó con un comunicado de tres líneas: «creemos que Artificial estará mejor servida si la estrena otro estudio».
Ninguna de las partes vinculó las dos decisiones. Lo único que se puede afirmar es el orden de los hechos, y alcanza para la pregunta: ¿qué le pasa a una película cuando su distribuidor se vuelve socio del protagonista? Con Zuckerberg no pasó, porque Facebook no necesitaba nada de Sony. Altman es cliente y socio de la empresa que iba a estrenar la suya.
- 09.06.25Amazon MGM anuncia la película
- 03.11.25Contrato de nube, US$38.000 M
- 27.02.26Hasta US$50.000 M en OpenAI
- 18.06.26Suelta la película, casi terminada
- 30.06.26Neon se queda con los derechos
- 31.07.26Completa la inversión
de terminar
Contar antes del final
La prensa la llama «el Social Network de la inteligencia artificial», pero Aaron Sorkin escribió aquella con seis años de distancia y una empresa consolidada, y pudo decir que su fidelidad no era a la verdad sino al relato. El paralelo más exacto es The Apprentice, sobre el joven Trump: carta documento, un inversor que se bajó después de ver el corte, estudios que pasaron por miedo y un distribuidor chico que la estrenó, con US$17 millones de recaudación.
Hay además un dato de calendario que nadie señaló: la misma semana de octubre en que Artificial se estrena en Nueva York, llega a los cines la segunda película de Sorkin sobre Facebook, con Jeremy Strong como Zuckerberg. Hollywood vuelve a contar una historia terminada y cuenta por primera vez una historia abierta. Lo que quede en la memoria pública de noviembre de 2023 se va a decidir en parte en una sala de cine, y la película no llega después de la historia, llega en el medio.
Hollywood llegó antes que el final.
y lectura
Qué es dato y qué es lectura nuestra
Lo comprobable Fechas, elenco y comunicados salen de la prensa de industria y de Amazon; los contratos, rondas y porcentajes, de comunicados de Amazon, Microsoft y OpenAI y de la prensa financiera; el veredicto y el testimonio de Sutskever, de la causa judicial.
Lo que interpretamos Que la película no refleja el relato de OpenAI sino que participa en armarlo, y que el orden entre la inversión de Amazon y el abandono de la película es una tensión aunque nadie confirme la causa.
Lo que no sabemos Qué cuenta exactamente la película, si Amazon la soltó por OpenAI o por el corte, cuánto pagó Neon, qué piensan Altman y Murati, y qué va a decir la apelación de Musk.
Zuckerberg pudo tratar su propia película como una anécdota, bromeando con que sólo le habían acertado la ropa, porque su historia ya estaba contada. Altman no tiene esa distancia: mientras lo filmaban, firmaba con el estudio. Artificial no llega después de la historia de OpenAI, llega a disputar cuál va a ser.